miércoles, 22 de octubre de 2008

De deseo somos

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.

Primer relatito de Espejos, de mi querido Galeano, que, de nuevo, me deja sin palabras.

jueves, 2 de octubre de 2008

Tlatelolco

Se cumplen hoy 40 años de aquella atrocidad de la que no soy capaz de decir nada. Tengo en casa esperándome el libro de Poniatowska, especialmente recomendado por mi querida amiga Rocío y comprado con ella en la enorme librería que Fondo de Cultura Económica tiene en La Condesa (qué espacio cultural más impresionante, por cierto).
Hoy El País dedica una noticia a este terrible aniversario, recordándonos que aún nadie ha pagado por ello, porque la impunidad de la clase política sigue existiendo en todo el mundo. Pero lo peor de todo es volver a leer a aquellos que piensan y dicen con osadía que sus decisiones las toman por nuestro bien, para salvarnos la vida, como Gustavo Díaz Ordaz, vergonzoso presidente de aquel gobierno que permitió la matanza.
No creo que pueda olvidar mi visita a la Plaza de las Tres Culturas nunca, hace ya casi 6 años, alimentada de un aterrador silencio. El sentimiento de vacío, de tristeza, de rabia y las mil preguntas que bombardeaban mi cabeza al marcharme no los podré soltar nunca.