viernes, 2 de marzo de 2007

La Gioconda


Levanté la vista y ahí estaba ella, mirándome. Bajé la mirada, avergonzada, como descubridora de una intimidad de la que no podía apropiarme.

Volví a levantar la vista y comprobé que me seguía con su mirada.

Era ella, sí, la musa de Da Vinci, colocada en un balcón de una edificio de mi plaza, de cara a la realidad, afrontándola, conocedora de nuestras limitaciones, de nuestros errores, pero indulgente, comprensiva, generosa, tanto que avergüenza.

3 comentarios:

vespa dijo...

No sé si te lo he dicho..., me encanta como escribes.
He visto ese cuadro en esa terraza, varias veces, sin embargo, nunca se me hubiera ocurrido algo así.

Mariano dijo...

Y se oyen coros al fondo:
¡Vespa tiene razón...!

mexileña dijo...

Es curioso porque yo lo había visto hacía tiempo, una vez, y me chocó pero no se me ocurrió nada. Y esta mañana ha sido como una revelación...lo que hacen las noches de fiesta entre amigos...