lunes, 14 de mayo de 2007

Generosidad

Leía en el periódico Escuela un artículo de opinión que me gustó mucho, sobre los héroes invisibles. Hablaba de un libro así titulado, escrito por Alejandro Spiegel, con el que el autor pretende educar en valores con historias y héroes de la vida cotidiana, en contraposición con el entendimiento del héroe como personaje de ficción o real que ha llevado a cabo acciones espectaculares.
A estos héroes o heroínas de la vida cotidiana sólo les mueve la generosidad, de forma que lo importante es el acto en sí mismo, y no lo que se deriva de él. Es decir, ni buscan fama ni reconocimiento.
Yo creo que todos podemos ser héroes en algún momento, creo que todo ser humano en algún momento es generoso, o quiero creerlo, o quizás necesite creerlo para seguir luchando. Y creo en los poquitos a poco, en las redes de poquitos a poco que al final crean una comunidad de poquitos a poco. Aunque reconozco que en ocasiones se me viene el mundo encima y esto que siento lo olvido por completo. En esos momentos sólo recuerdo aquello de Hobbes, de que el hombre es un lobo para el hombre…
Sin embargo, por encima de todo, creo en los héroes y heroínas cotidianos, no creo en príncipes ni en hadas, sino en esas personas que nos miran con ojos amables y que con sus gestos generosos nos dan una pequeña alegría diaria con el inmenso regalo de su generosidad. Una simple sonrisa se convierte, en este mundo, en un gesto generoso que se agradece. Esa sonrisa, en este mundo de locos, es un verdadero acto heroico, porque lo contrario es lo habitual, y sonreír puede resultar hasta arriesgado...
El autor del artículo pone el ejemplo de la historia de dos hermanos. Uno mayor que el otro. Pedían comida por las casas. En una de ellas les regalan un gran recipiente lleno de leche. El hermano mayor le entrega el cuenco al pequeño, que bebe con ansia. Éste devuelve el recipiente al hermano mayor. Es su turno. Acerca éste el cuenco a los labios, hace el simulacro de beber (incluido un comentario sobre lo rica que estaba la leche), se limpia los labios como si hubiera bebido y entrega al pequeño el recipiente. Bebe éste nuevamente a grandes tragos. Y le ofrece a su hermano el cuenco. La operación vuelve a repetirse hasta que el pequeño termina de beber la leche sin enterarse de que su hermano se ha privado de ella en su beneficio.
Esto, esto sí que está en nuestra mano.

2 comentarios:

Mariano dijo...

Leí el artículo gracias a ti y como a ti me gustó mucho.
Yo también me quedo con los héroes cotidianos, con la intrahistoria que decía Unamuno, y no con los grandes malos y los grandes seres mediáticos.
Hay días en el que el mundo pesa demasiado encima de nuestras espaldas Mexileña...

Clandestino dijo...

Ya lo dice una canción; "no te fíes de los trinufadores"